Hay dos escuelas que estudiaron las causas de la crisis, la realista (Keynes y Temin), y la monetarista (Friedman y Schwartz).
Los realistas creen que la depresión se produjo por el mal funcionamiento de la economía, que junto con la disminución en el consumo, provocaron la contracción monetaria. En cambio los monetaristas, consideran que la contracción monetaria fue provocada por decisiones políticas equivocadas o insuficientes, y así se produjo la caída de los precios y la producción.
Voy a explicar la situación de EE.UU. tras la Primera Guerra Mundial hasta la llegada de la crisis.
Acabada la Primera Guerra Mundial, EE.UU. se convirtió en la primera potencia económica mundial, disfrutaba de los llamados felices años veinte, una época en la que la economía estadounidense tuvo un fuerte crecimiento económico.
Aunque durante este período parecía que todo iba sobre ruedas, EE.UU. también tenía algunos problemas.
En la agricultura había problemas con las explotaciones de trigo y de algodón.
Durante la guerra, la demanda europea aumentó y ello hizo que los precios subieran. Los estadounidenses aprovecharon la situación para modernizar y ampliar sus explotaciones, muchas veces a través de inversiones a crédito, pero los resultados no fueron los esperados.
Al final de la guerra la producción crecía mientras los precios descendían. A pesar de ello, el problema realmente estaba en las explotaciones endeudadas e hipotecadas, que muchas fueron embargadas ya que con la caída de los precios, los agricultores no eran capaces de pagar los gastos de explotación y financieros.
Otro de los problemas eran los salarios.
La producción creció, el empleo disminuyó y los salarios aumentaron poco en comparación con los precios (que bajaron poco). Así mientras que la producción iba creciendo poco a poco, la capacidad de compra de la población disminuía.
A su vez, los problemas ocasionados por la guerra en Europa, no ayudaron a EE.UU. Los productos estadounidenses eran innecesarios o demasiado caros (pérdida del valor de las monedas) para Europa.
Los empresarios podrían haber mantenido sus ventas aumentando los salarios o disminuyendo sus precios, (tal como hizo Ford), pero lo que hizo la mayoría, fue evitar la sobreproducción paralizando las inversiones y enviando los beneficios de las empresas a las finanzas.
Los beneficios se enviaron a la financiación de las compras de los propios productos con la venta a plazos, concediendo créditos a corto plazo al exterior, e invirtiendo en bolsa o en préstamos para la inversión bursátil.
Después de la guerra EE.UU. poseía grandes cantidades de oro.
EE.UU. debería haber convertido el equivalente del oro en billetes, pero el aumento de la circulación de billetes habría subido los precios interiores, y en consecuencia habría dificultado las exportaciones. Para impedirlo, retiró el oro de la circulación, y no retiró la deuda pública, los bonos de guerra.
Los bonos de guerra que poseían elevados intereses, eran inversiones seguras para los europeos, ya que sus monedas eran inestables, y los demás países no confiaban en ellas.
La situación afectó al Gobierno Británico de tal manera, que le pidió a EE.UU. que hiciera sus bonos menos atractivos. Para hacer sus bonos menos atractivos, EE.UU. aumentó la cotización de éstos para que el interés real bajara.
Al gobierno estadounidense también le interesaba retirar los bonos de guerra, y empezó a comprarlos en la bolsa.
La demanda iba aumentando, y con ella la cotización de los bonos de guerra.
El gobierno al comprar los bonos, añadió gran cantidad de dinero a la circulación monetaria, y gran parte de este dinero fue destinado por los inversores, a comprar otros activos bursátiles. Así la especulación fue aumentando poco a poco.
La inversión a crédito fue el factor que más incentivó la especulación. Los agentes de bolsa (brokers), tenían órdenes de aceptar inversiones a crédito, inversiones de pago aplazado. Una parte del precio del título era entregada en el momento de su compra, y la otra parte más tarde. La parte del pago aplazado, era pagada por el agente de bolsa, y éste a cambio, retenía las acciones como aval, y podía usarlas como garantía para conseguir créditos de los bancos o de prestamistas especializados.
Los Bancos a su vez podían obtener préstamos de los Bancos Federales de Reserva.
El 19 de semptiembre la bolsa alcanzó su punto más alto, y a partir de entonces empezó a descender.
La oferta monetaria disminuyó y los precios en general cayeron.
El precio de los títulos cotizados en bolsa cayó. Los inversores que habían comprado títulos a crédito a los agentes de bolsa, vieron que el valor de los préstamos era superior al de los títulos; de modo que muchos inversores no saldaron sus deudas, los brokers se quedaron con los títulos, y así ellos no perdieron dinero.
Los agentes de bolsa poco a poco empezaron a quebrar. En consecuencia los bancos que habían concedido préstamos a los brokers con la garantía de los títulos de valor, tuvieron que quedarse con dichos títulos depreciados. Estos títulos depreciados no les permitían cubrir sus deudas, hecho que causó impacto, y muchos depositantes quisieron retirar el dinero de las entidades.
Algunos bancos quebraron, y los que no sufrían las consecuencias de la crisis financiera, adoptaron medidas frente a ésta, como aumentar sus reservas en efectivo disminuyendo los créditos concedidos a sus clientes.
El hecho de disminuir los créditos concedidos, no ayudaba a aumentar la oferta monetaria, sino al contrario. A la población en sí le faltaba crédito, y la Reserva Federal de Nueva York intentó mejorar la situación comprando valores públicos a los bancos, hasta que el Federal Reserve Board se lo prohibió.
En noviembre y diciembre de 1930 se produjeron múltiples quiebras bancarias.
El hecho de que algunos bancos se encontraran en una mala situación tras la crisis bursátil, provocó una desconfianza general hacia los bancos (ya que la población no tenía seguridad de la solvencia de éstos), de modo que se empezó a retirar el dinero de los bancos, tanto de los bancos con activos devaluados, como de los saneados. La oferta monetaria volvió a caer.
Mientras los precios descendían, los intereses de los créditos eran fijos, así las deudas eran cada vez mayores y muchos no podían hacer frente a ellas, hecho que aún empeoraba más la situación de los bancos.
La situación se convirtió en un círculo, y el hecho de que cada vez se concedieran menos créditos, afectó a las empresas que los necesitaban. Así la crisis financiera pasó a ser una crisis real.
Considero que la economía estadounidense funcionaba correctamente hasta que se redujo la oferta monetaria, y las decisiones políticas para cambiar la situación, no fueron las adecuadas. Creo que si las empresas hubieran optado por aumentar los salarios o disminuir los precios (tal y como hizo Ford), seguramente no se hubiera llegado a tal crisis.